Aquellos años...
A veces quisiera ser una chavalita de nuevo, esa que corría por los corredores de la vieja casona de mis abuelos, la que subía a los árboles de mangos, jocotes, tamarindo. Esa niña que le fascinaba levantarse temprano para ir al establo a ver como ordeñaban y sacaban leche de la ubre de las vacas, la niña traviesa que pasaba horas de horas debajo de un frondoso árbol leyendo poesía infantil, allá en Sto. Domingo, Chontales, en la hacienda de mi viejo roble…mi abuelo. Hasta que un día…
Han transcurrido trece años de aquello. Años que me han ido convirtiendo en una mujer, quizá un poco loca, soñadora, y un poco irreverente. Los hechos nos marcan, para bien o para mal, pero nos marcan. Van forjando nuestra personalidad, nuestro carácter, nuestras ideas. Vamos adquiriendo responsabilidades, nos trazamos sueños, metas y vamos poco a poco casi como el campesino, machete en mano arrancando la maleza y dejando limpio el camino donde sembraremos.
Cuando miro retrospectivamente y me doy cuenta que he recibido golpes, golpes que me han hecho ver que no siempre la vida es ese cuento color rosa que nos leen de niños, golpes que también me han servido para darme cuenta de muchísimas cosas que, quizás no habiendo transitado por ese camino, hubiesen pasado desapercibidos. Que no siempre debo rebelarme por cosas insignificantes, que debo rebelarme por grandes cosas.
Los sentimientos diáfanos son tan hermosos, y a veces los manchamos con sentimientos negativos. A veces todo está encasillado en modelo de conductas, de normas y de moralidades tontas…
Intentaré ser mejor cada día…ese será mi reto. Aceptarme tal cual soy, con mis errores y defectos (que son muchos) tratar de mejorar por cada paso que de en ese largo camino de ladrillos amarillos, que al final es mi camino. Creo es un buen comienzo para cumplir ese compromiso que estoy haciendo conmigo misma. Nutrirme de conocimiento, tratar de ser consciente, justa y equilibrada con todo y todos lo que están a mí alrededor. Vivir la vida, transitarla ya sabiendo que no todo es un cuento color rosa. En esa medida tendré respuestas.
Abril.










chavela dijo
Cierto, hay que intentar ser mejor cada día, luego de alcanzado el crecimiento físico, para poder alcanzar también el crecimiento del espíritu y del intelecto. Es una buena meta.
Me ha gustado la canción.
Un abrazo.
9 Julio 2008 | 11:12 AM