Es difícil calcular el daño en una mujer cuando es víctima del maltrato verbal. Esto porque los daños son internos. Específicamente en la parte emocional.

Cuando se da en la etapa del noviazgo, cuando se supone todo debe ser bonito, cuando se están conociendo, cuando la relación debe estar inspirada en el respeto, la entrega, comprensión, delicadeza, para luego pasar a otra etapa que sería el matrimonio o la unión de hecho.

Por lo general las chicas llegamos a confundir el maltrato con muestras de afecto o interés de parte del novio o enamorado, pero en realidad es una manera de ejercer control sobre nosotras. La chica que no es capaz de parar ese tipo de abuso en el noviazgo será una futura victima de abusos que incluso llegaran al maltrato físico.

La violencia verbal que es la que me ocupa ahora, ocurre cuando somos victimas de todo acto que nos lastime moralmente. Por lo genera son: gritos, insultos, desprecios, criticas destructivas con el ánimo de hacer sentir mal a la pareja, burlas, acusaciones sin fundamento, uso de palabras soeces, todo con la finalidad de hacer sentir mal e insegura y deteriorar su propio valor y por ende su autoestima.

Llega el momento que las victimas se vuelven conformistas a la agresión verbal. Otras veces tienen la esperanza de que el chico cambiará o creen en las “disculpas”, pero solamente es parte del ciclo del maltrato del que la chica es víctima. De un momento a otro el hombre volverá a estallar en ira con lo que demostrará que el arrepentimiento no era sincero sino que era un simple remordimiento, una táctica para escaparse de la culpabilidad que sobre él recae al maltratar verbalmente a la mujer. Hay que saber poner límites al maltrato. El mantener esperanzas lo único que hace es que dure el problema, ya que impide que la mujer tome soluciones a su situación. Ceder al maltrato verbal y psicológico es perder la dignidad y dejar la puerta abierta para el maltrato físico.

Hay que tener cuidado porque el hombre que arremete verbalmente humilla tanto a la pareja con el único fin de hacerla sentir que ella es la culpable de su actitud. Es típico escuchar esto: “Vos me hacés enojar”, “Sos una estúpida”, “No tenés cerebro” y otras frases más de este tipo. La mujer no es culpable que su pareja no tenga dominio propio y haga uso de la violencia verbal o física. Sólo es una forma que utiliza para evitar que la mujer le haga un pare a su manera de comportarse y un claro temor a ser descubiertos.

Jamás debemos sentirnos culpables de la cólera y de la manera equivocada de desahogar la ira de nuestra pareja. Debemos entender y no olvidarnos que la táctica de los agresores será la de hacernos sentir culpable. El agresor verbal puede estar detrás de un intelectual, profesional, religiosos, adinerados, no necesariamente los hombres que actúan así son hombres sin estudios o pobres, incluso el agresor puede ser un encanto en público y un déspota con su novia o familia.

Rompamos el silencio. Al ocultar a este tipo de hombres lo que hacemos es colaborar para que esa persona se destruya moralmente, no sea honesto consigo mismo y engañe a otras. No puede haber rehabilitación sin confrontación. Sino descubrimos la herida no podrá ser sanada. Ningún hombre, sea, padre, hermano, novio o esposo tiene derecho a agredir verbalmente a una mujer.

La mujer tiene el derecho a ser respetada y tratada como el ser humano que es. La mujer que ha perdido su dignidad aceptará el maltrato, pues, no se siente digna de un mejor trato. Ningún hombre puede violentarnos, nadie en absoluto. Si permitimos eso estaremos dando paso a: Nuestra pérdida de identidad, vivir con miedo, permanecer en el silencio y desvalorizarnos.

¡Rompamos El Silencio!