Hasta siempre...

Percibí una suave corriente de aire frío que recorrió mi espina dorsal, una sensación extraña. Definitivamente el miércoles no fue un buen día. Mi mundo está al revés. Los muertos ríen, y los vivos lloran yendo en pos de los primeros. Sus almas piden a grito el silencio y cierran los ojos a la luz de ese día que al final, siempre ha sido una oscuridad maligna e impávida, donde la imaginación supera la realidad, y la mentira a la verdad.
Me asomo a la ventana y creo escuchar una voz que canta el verso de un poema de Darío que dice:
"Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente
Extraño día, raro día. Un día azul en el que, sacudida por una noticia impactante pensé que nada es peor que existir en un mundo a destiempo, sin ritmo, sin ninguna cadencia. Casi como vivir en constante lid con el aire, no saber vivir con nosotros mismos y darnos cuenta que eso no debería estar pasando.
Ser, y no saber nada,
y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido un futuro terror...
y el espanto seguro
de estar mañana muerto
y sufrir por la vida y por la sombra
y por lo que no conocemos
y apenas sospechamos.
Es casi vivir un error prolongado, y así, error tras error, siempre esperando el momento, pero ese momento no llega.
¿Se le escapo a él su momento? quizás jamás lo tuvo. Quizás todo fue una vana ilusión, una larga película en la cual él era el héroe, un héroe que no supo salvarse a si mismo o un hábil jardinero que supo cuidar muchísimos jardines, pero descuidó el propio.
Un niño grande, asustado y doblegado que, no supo vencer toda esa carga de emociones, de gritos de satisfacciones, de ímpetus secretos. Un niño grande que al final se dio cuenta que el estar vivo siempre duele y le dio la espalda al dolor.
Fue su mundo, quizás un mundo ficticio, pero al final su mundo. Un mundo de pensamientos aprisionados, donde las sonrisas eran lágrimas, y las lágrimas eran ahogadas en su mar interior. Al final su mundo, un mundo al cual no pidió venir, pero decidió cuando irse.
Y la carne que tienta
con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda
con sus fúnebres ramos
y no saber a donde vamos,
ni de donde venimos..."
Hasta siempre Campeón...
Abril-ale







julianlennontorreslemus dijo
El precio de vivir supongo, sentir.
3 Julio 2009 | 09:07 AM