Hace veinte años...
Los medios de la derecha en Nicaragua recordaron y celebraron lo que ellos han dado por llamar "La derrota de Ortega". Un 26 de Febrero de 1990 la Unión Nacional Opositora (UNO) se alzó con la victoria electoral a nivel nacional.
¿Realmente la UNO ganó? ¿Realmente fue Daniel Ortega el que perdió? Realmente lo que ocurrió ese día fue la cristalización de la política imperialista en contra de aquella joven e inexperta revolución popular sandinista. Fue la victoria de la política sistemática de la nación más poderosa de la tierra en contra de uno de los países más pequeño de América Central. Fue la victoria de la política imperial que en esa década entró a la contraofensiva en todo el mundo reconquistando territorios y mercados.
Sin duda fue uno de los triunfos espectaculares de las grandes opciones que formaban parte de la estrategia global en aquellos momentos culminantes del fin de la guerra fría. En aquel ajedrez mundial caía una pieza más en el terreno de la lucha antiimperialista. Sólo ese marco más general y más global ayuda a entender realmente lo que ocurrió hace veinte años. Y desde luego, ayudaría a entender las expresiones domesticas de aquellas tenazas estratégicas sobre este país y su revolución.
Las consecuencias en la vida de nuestra gente fueron desgarradoras. El pueblo nicaragüense soportó por diez años el vil garrote de la política reaganiana. Soportó sufrimiento, dolor, sangre, escasez y muerte por intentar cambiar la vida de nuestro país, por optar a ser independientes a nuestra manera y por dar a aquellos conceptos de justicia social un contenido nuevo.
Esa chavalada rebelde que osó enfrentarse al imperio nunca dio un paso atrás cuando el peligro inminente de la agresión militar directa de los gringos era algo más que virtual. Era una lucha absurda desde el punto de vista de las correlaciones de fuerza entre los adversarios. No había manera de comparar las dos fuerzas que realmente estaban en choque.
La política imperial reaganiana imponía al Congreso de los Estados Unidos y a la opinión pública la necesidad de aplastar a los sandinistas; porque de otra manera -sostenía Reagan- las alianzas en el mundo colapsarían y la credibilidad del imperio se perdería si no aplastaban la revolución nicaragüense. Ese era el corazón, la esencia del verdadero adversario que enfrentaba aquella revolución.
Diez años duros, difíciles y dolorosos. La joven e inexperta vanguardia de entonces hizo grandes esfuerzos por sobrellevar aquel combate desigual que, obviamente fue desgastando y destruyendo al país y a los nicaragüenses en un desgarre nacional sin precedente en nuestra historia. La sangre se derramaba todos los días y la economía colapsaba.
La economía nacional, ya deteriorada por la lucha de todos los años en contra de la dictadura, comenzó a saltar en mil pedazos. Los billetes y las monedas por un lado y la economía por otro. Un mundo fuera de control económicamente hablando. La joven revolución nicaragüense se vio sin aliados, porque desde abril de mil novecientos ochenta y cinco, con la subida de Gorbachov en Moscú, aquella alianza comenzó a debilitarse. Como también se fue debilitando la misma Unión Soviética.
Lo que ocurrió aquel veintiséis de febrero de mil novecientos noventa en Nicaragua, es una historia muchísimo más complicada y compleja que la victoria de una señora ganando las elecciones.
Desde luego hay una historia que tiene que ver con la vida cotidiana de nuestro país. Un país sometido a aquellas tenazas de bloqueo, de amenazas y de chantajes. Porque es bueno que se sepa que intentaron compra a la Dirección del Frente Sandinista. Ofrecieron millones de dólares, ofrecieron parar su hostilidad y su guerra a cambio que se cambiara de curso y a cambio que no se diera una expresión de solidaridad con el FMLN de El Salvador. Pero la dirigencia de entonces no claudicó. Cosa curiosa, la dirigencia no claudicó en aquellas condiciones de guerra y terminó claudicando frente a la lógica del mercado quince años después.
En este marco general se fueron desarrollando las contradicciones y las dificultades internas. Dos factores tenía clavado en el alma la nación nicaragüense: aquella terrible y espantosa guerra que producía dolores insoportables, y que a su vez se sobreponía sobre los dolores de una guerra apenas recién terminada, para después asumir la sangrienta guerra impuesta desde Washington. Y después, las magnitudes del caos económico generado de este combate absurdo, y q sólo tenía lógica en la racionalidad del imperio.
A ese conjunto de factores sustantivos se sumaban la falta de experiencia, la falta de destreza, los múltiples errores de los dirigentes. Pero resulta vano tratar de explicar esa historia a partir de estas últimas razones y pretender ignorar la complejidad de las circunstancias locales nacionales y mundiales del momento.
Se podría contar que pasó aquella noche y la tristeza de la mañana siguiente después de la derrota; pero hoy, de esas circunstancias, se puede decir que el gravísimo error que cometió la dirección del frente sandinista fue no haber previsto nunca la derrota. Ese fue sin duda un error estratégico, y una responsabilidad de los nueve comandantes de la revolución. La primera responsabilidad de toda dirigencia revolucionaria es prever, prevenir, anticiparse a los acontecimientos; pero no se previó aquella derrota, y en esas circunstancias, aquel mundo y aquella realidad se volvió caótica y el repliegue, en cierta manera, una gran desbandada.
Desde la Izquierda.






Rosana dijo
que tema Ale , que tema , es increible ¿ como pueden las personas equivocarse tanto ?
¿no saben , o no entienden , que significa un gobierno de derecha?
hago votos para que tu país . tenga un buen destino y un buen gobierno
27 Febrero 2010 | 05:39 AM