La desigualdad. (Tercera y Última parte)
Y continúa el inglés:
"Aún cuando sean abolidos todos los gravámenes, todos los impuestos gubernamentales sólo un cambio total del sistema, la introducción de la igualdad del trabajo y de los cambios puede mejorar este estado de cosas y asegurar a los hombres la verdadera igualdad de derechos. No importa las medidas que tome el gobierno"
En conclusión:
Podrá el gobierno quitar todos los impuestos, podrá proponerse las mejores cosas, pero mientras no modifique las causas profundas que originan la desigualdad social, mientras exista en el sistema la posibilidad de que alguien se apropie de manera privada de la riqueza colectiva, del trabajo humano y de los productos del trabajo humano no habrá manera de resolver los problemas de la injusticia social. Por eso se considera insuficiente quedarse en el ámbito de querer ponerle parche a la injusticia social. La ganancia del empresario será siempre una pérdida para el obrero hasta que los cambios entre las partes sean iguales, y los cambios no pueden ser iguales mientras la sociedad esté dividida en capitalistas y productores. Dado que los últimos viven de su trabajo, en tanto que los primeros engordan a costa de beneficiarse del trabajo ajeno.
Así miraban algunos lo q estaba ocurriendo en aquel proceso de crecimiento y desarrollo de la sociedad industrial capitalista del primer tercio del siglo XIX en Inglaterra q era la meca del progreso, del desarrollo, de la industria, de la expansión del mercado. Así pensaban cuando todavía no había marxismo, aunque si habían comunistas. Y les decían comunistas porque eran del criterio de que aquellos factores generadores de la riqueza colectiva, de la riqueza social era mejor que fueran puestas en común, es decir, que fueran compartidas por la colectividad y que no fueran objeto de apropiación individual de riqueza privada.
Las ideas, los propósitos, la voluntad política, ética, filosófica, humanística de querer resolver los problemas de la injusticia social que resulta del régimen existente q es hoy el mismo que existía en la Inglaterra del primer tercio del siglo XIX, sólo que con niveles de productividad seguramente más alto, pero en la que la naturaleza del sistema no ha sufrido en su genética cambios importantes. En estas circunstancias no dejan de ser pertinentes las reflexiones de aquellos que sin tener nada que ver con el comunismo como nos lo presentaron en el siglo XX, sin tener nada que ver con el marxismo adelantaban razones de peso para reclamar del gobierno y de los trabajadores la necesidad de no quedarnos únicamente en el ámbito de tratar de curar las heridas de la injusticia social, sino q era necesario ir a las causas profundas de la desigualdad.
Se saludan todas aquellas medidas paliativas de la miseria, se ve con satisfacción todas aquella políticas y programas sociales que tienden a mejorar las condiciones de pobreza de la población. Pero al igual que aquel inglés, pensamos que el gobierno puede hacer cualquier cosa, pero mientras no se atreva a modificar las causas profundas que generan la desigualdad social seguiremos en el siglo XXI viviendo como los trabajadores ingleses del primer tercio del siglo XIX.
Desde la Izquierda.
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laurencia19 dijo
Con respecto al tema que expones mi criterio es negativo, en Chile la mentalidad del empresario y del político no propiciará nunca acciones que de verdad reduzcan las brechas entre pobres y ricos, sabemos perfectamente que los empresarios tienen una ambición tan grande que traspasa los umbrales de la crueldad, no tienen conciencia y los políticos unos infelices vendidos (son muy pocos los que se salvan de este concepto). Y qué podemos decir de los ciudadanos que votan?por una deformación cultural-familiar continuarán votando por los mismos bastardos (disculpa el lenguaje pero este tema me saca de mis casillas). Piensa en el gobernante que tenemos, el palacio de La Moneda metamorfoseada en un mall y la educación a punto de ser convertida en una maratón con marcas de colores.
Un abrazo y feliz sábado.
5 Junio 2010 | 09:13 PM