Vuela alto...
Una noche lo encontré en el pasillo de un conocido Hospital de Managua. Recuerdo que me impresionaron sus profundos ojos negros y la mirada perdida en algún punto de esa amplia sala de espera. Le sonreí, me sonrió y me acomodé a su lado a esperar el resultado de un análisis. Una simple sonrisa me bastó para intuir que sería el inicio de una larga y estrecha amistad, y así fue. A partir de ese día coincidíamos en los pasillos del hospital y entablábamos largas conversaciones sobre nuestros gustos, nuestros sueños, nuestras satisfacciones, nuestras insatisfacciones, nuestras alegrías y nuestras tristezas.
Era un chavalo alto, delgado, un tanto desgarbado, lento al caminar y dueño de una sonrisa encantadora. Recuerdo que siempre jugábamos a adivinar nuestro estado de ánimo a través de nuestros ojos y él siempre acertaba, recuerdo nuestras largas y pausadas caminatas por el malecón, recuerdo nuestras prolongadas conversaciones por teléfono y el placer que sentíamos al reunirnos en la preciosa lomita donde dejamos grabados cuatro nombres en un viejo árbol de eucalipto: Juan, César, “Pipita” y Abril.
Éramos un par de niños grandes pretendiendo atrapar la vida en nuestras manos, sólo que a él hoy se le escapó entre los dedos, así como se les escapó a Tita y César..
Como no recordar el brillo de sus ojos negros y la sonrisa amplia que iluminó su rostro el día que se enteró que mi tratamiento había tenido los resultados esperados por mi familia, por mis amigos y por el personal médico. Cómo olvidar esos momentos en que se instaló la desesperanza, el temor y la impotencia por su recaída y mi cobardía de esconder la mirada para que no adivinara el dolor que se reflejaba en mis ojos. Cómo olvidar el dolor y las lágrimas compartidas cuando nuestros amigos y compañeros se marcharon. Cómo no mezclar ahora mis lágrimas y mi sonrisa al tener la certeza que ya están juntos. Tantas cosas y nada…
Hoy me despojo de mi armadura, suelto los sentimientos al viento, permito que las lágrimas se liberen, abro las rejas de la cárcel y permito que un grito de dolor escape de mi garganta en la oscuridad de la noche. Hoy no lucharé en contra de mis sentimientos, hoy los dejaré ser libres como lo fueron Juan, “Pipita” y César. Hoy viajarán a encontrarse con ellos.
Abril Ale.
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Omar Tam dijo
sólo nos queda recordar d la mejor manera a las personas que hemos amado y q recíprocamente, sin esperar nada a cambio, lo hicieron.
nos queda tener la suficiente fuerza pa seguir adelante, luchando por nuestros sueños y dedicárselo a esta persona que compartió en vida, con nosotros, sus sueños.
y a mí me queda estar a tu lado, pa lo que necesites.
tu amigo por siempre, omar.
17 Septiembre 2010 | 04:31 AM