El 12 de octubre nos recuerda los grandes sufrimientos de las comunidades autóctonas. Los sufrimientos de nuestra gente que sufrieron indecibles padecimientos resultado de aquel famoso descubrimiento y de la colonización española.

Los que hemos tenido la oportunidad de leer los testimonios o por lo menos unos buenos fragmentos de Fray Bartolomé de las Casas, el cura que fue  defensor de los indios, nos horrorizamos del tormento y el genocidio de nuestra gente. Él cuenta con sencillez, pero al mismo tiempo con elocuencia la naturaleza y las características humanas de aquellas comunidades con las que se encontraron los descubridores españoles.

Cuenta Fray Bartolomé que los indios eran gente amable, tranquila y pacifica; cuenta como después fueron sometidos a los reclutamientos forzosos, a un régimen esclavista, a los crímenes, a los tormentos y como fueron exterminadas muchas comunidades.

Fueron décadas de crueldades terribles, fueron casi trescientos años de despojos. Nuestra gente que vivía en paz de repente comenzó a conocer el azote, el castigo, la tortura, el despojo de sus tierras y el aniquilamiento. Porque nada de lo que le perteneció a otros fue de ellos realmente, todo perteneció a aquellas comunidades que fueron por años despojadas, maltratadas, vejadas y asesinadas.

Nada que celebrar a pesar que muchos se empeñan en seguir celebrando. Nada que celebrar porque el 12 de octubre no simboliza la resistencia indígena, simboliza el inicio de la invasión europea en nuestras tierras y el inicio de la conquista y el período colonial.

Desde la Izquierda.