No puedo dejarla escapar.
Es curioso, muchas personas, aún en mi entorno familiar me señalan de ser una idealista con deseos de cambiar el mundo. Cuando eso sucede no puedo menos que sonreír porque nada más alejado de la realidad. Lo que si no puedo negar es mi espíritu rebelde frente a ciertos hechos o circunstancias que presencio o me enfrento. No pretendo cambiar el mundo porque sencillamente no es nada fácil hacerlo, no es nada fácil cambiar esa odiosa realidad que nos abofetea sin piedad una y otra vez, y porque estoy consciente que primero debo cambiar pequeñas o grandes máculas que oscurecen mi interior.
Pero es difícil, es difícil enfrentarme y casi rozar las tragedias a las que me enfrento tres o cuatro veces por semana y no indignarme frente a tanta injusticia y miseria humana; es difícil contener las lágrimas que pujan por salir y saber que tan solo puedo aliviar parte del dolor de esas personas o quizás nada pese a que quisiera borrar todo signo de dolor en ellas.
Muchas veces me refugio en mi interior y converso con el silencio esperando encontrar respuestas, respuestas que aparecen igual de crueles que la misma realidad. El silencio me aconseja no involucrarme en esas realidades que no son las mías y evitar me afecten al punto de dejar de ser yo. Pero ese “yo” me suena egoísta y sé que si me abstraigo de esas tragedias dejaría de ser yo.
Y con ese espíritu rebelde que me caracteriza me rebelo a perder mi esencia, a no estremecerme al leve contacto con la lluvia, a no sonreír al observar la salida del sol después de varios días lluviosos, a no llorar cuando tengo frente a mi a una mujer narrando su tragedia, a dejar de sentir mía una canción romántica de Pablito Milanés, a no sentir dolor al leer la poesía de Alejandra Pizarnik, a tantas cosas.
Por eso hoy opto por seguir siendo la romántica, la soñadora, la idealista. La chica que transitó por el amor utópico y tuvo la capacidad de amar un ideal de una manera tan natural y libre. Quiero que ella siga morando en mí, no quiero dejarla escapar, no quiero que se hunda en la ciénaga de la insensibilidad y perezca su alma rebelde. Quiero que siga abrazando la esperanza, que siga acariciando su geografía de mujer y su alma de niña. No la quiero dejar escapar y haré uso de mi fuerza de guerrera para retenerla.
Abril Ale.
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->













argivo dijo
Sin el sueño y la utopía, estamos muertos. Como la canción tu bandera es mi bandera: la de opinar distinto, y soñar en el concepto integral de libertad. Que se avive la niña rebelde que llevas, ahí dentro de tus sueños de un mundo más justo. Donde todos quepan para el consumo del pan igualitario y el pensamiento libre. UN beso, cielito Nika. Argivo
15 Octubre 2010 | 05:23 AM