Fragmento.
Hoy vino un hombre. Entró con la mujer. Parecían presos de filtros amorosos. Se amaron desaforadamente cual si se hubiesen contenido mucho tiempo. Fue como volver a vivirlo. Vivir otra vez la hoguera de Yarince atravesándome el recuerdo, las ramas, las hojas, la carne tierna de las naranjas. Se midieron como guerreros antes del combate. Después entre los dos no medió nada más que la piel. La piel de ella crecía manos para abrazar el cuerpo del hombre sobre ella; se desaforaba su vientre cual si quisiera anidarlo, atraerlo hacia dentro, hacerlo nadar en su interior para volver a darlo a luz.
Se amaron como nos amábamos Yarince y yo cuando él regresaba de largas exploraciones de muchas lunas. Una y otra vez hasta quedar agotados, extensos, quietos en aquel mullido petate. Él emana vibraciones fuertes. Lo rodea un halo de cosas ocultas. Es alto y blanco como los españoles. Ahora sé, sin embargo, que ni ella, ni él lo son. Me pregunto qué raza será esta, mezcla de invasores y nahuas. ¿Serán quizás de las mujeres de nuestras tribus arrastradas a la promiscuidad y la servidumbre? ¿Serán hijos del terror de las violaciones, de la lujuria inagotable de los conquistadores? ¿A quién pertenecerán sus corazones, el aliento de sus pechos?
Sólo sé que se aman como animales sanos, sin cotonas, ni inhibiciones. Así amaba nuestra gente antes que el dios extraño de los españoles prohibiera los placeres del amor.
La Mujer Habitada de Gioconda Belli.
Página 19
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gaomy dijo
El post esta precioso
yo no conocia el texto
en verdad huele a amor tu blog
Un beso.
11 Diciembre 2010 | 08:27 PM