Mar interior.
Tiempo atrás mi universo se fragmentaba en mil pedazos. Fui rescatando pequeños fragmentos y formé una estrella de luz, amor y deseo. No sé cuanto tiempo ha pasado, y es lo de menos. El fulgor de esa estrella me ha conducido al océano de mis sentimientos. He remado contra corriente a punto de naufragar, pero al final he encallado en el puerto seguro de la esperanza.
Gigantescas ballenas rasgaron mi enjuto cuerpo y siempre surgieron pequeños caballitos de mar a lamer mis heridas. Despertaba anegada en la arena del temor que acechaba mi vacilante espíritu y algas marinas tejían un firme y amoroso escudo, que impedían fuese herida de muerte.
Recuerdo que, para no sentirme sola, compuse un poema a la luna y, en recompensa, ella susurraba cánticos de ternura. Recuerdo que me obsequió una cajita plateada en la cual se guardaba el secreto de la eterna sonrisa y supe que la sonrisa siempre estaría presente en mi vida.
Hoy, cuando el temor y la angustia intentan apoderarse de mí, froto el cofrecito tal si fuese la lámpara de Aladino, y aparece la sonrisa venciendo todo desanimo.
Nada es para siempre. Pero puedo evitar que los sentimientos se me escapen como agua entre los dedos, puedo evitar que la sonrisa, que tan generosamente me obsequió la luna, se niegue a salir de su hermoso cofre plateado. Sí, puedo seguir sumergida en el océano de mis sentimientos.
Abril Ale.
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Omar Tam dijo
Sí te aferras a esos sentimientos, a esa sonrisa que la luna te obsequió a cambio de tus versos, nada ni nadie podrá evitar verte muy segura y sonriente.
Un hermoso relato de vivencias y sentimientos que nos enseñan de la vida. De veras te pasaste con este relato, muy bello.
Pablito Milanés que en esta oportunidad complementa muy chévere con tus escritos.
Un beso de galleta soda bañada en chocolate. =)
Paz.
11 Enero 2011 | 12:57 AM